
Lloraban las dos desconsoladas porque irrefutablemente Mariana iba a morir. En aquella montaña helada no había quien las pudiera ayudar, ya era tarde y la nieve llegaba hasta su esternón. Claudia sabia que no estaban lejos pero dada la hora cerca, nadie podía estar.
Mariana la beso por última vez y se despidió, le pidió el favor de no dejara su cuerpo allí, que fuera por ayuda para recoger su cadáver; Claudia como si se tratara de una situación de la cotidianidad se levantó y sin mirar atrás corrió pensando que tal vez a tiempo podría volver.
18 minutos mas tarde su cuerpo azul se veía mas hermoso de lo que nadie se pudiera imaginar, ya era tarde pero esa imagen, valía por todo el sufrimiento que ahora iba a comenzar.