Al compás de inocentes melodías
merodeaba por los pensamientos del estéril tacto,
del vacuo abrazo.
Discurría por la frialdad de la caricia de un sólo lado
acatando la veracidad de un estrujón con ambos brazos.
Pensaba y repensaba en la sinceridad del lazo, la atadura
la afinidad, el vínculo, la unión.
Que gélido todo, que árido también, infértil.
¿Qué era verdad?, poco la verdad, sólo lo que estaba en palabras,
aquellas sin pronunciar,
aquellas en proyectos un tanto fúnebres
que ondeaban en la confusa neblina del proposito intelectual.
Con ansias de ser, de pronunciar
tal vez mañana después de practicar
o nunca como lo planeaba sin pensar.
Para mi dicha, el placer sencillo me apoderaba,
Esta noche dormiría con el corazón sosegado.
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